Lectio Divina correspondiente al domingo 28 de junio. Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
1. Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que salve su vida la perderá y el que la pierda por mí, la salvará.
Quien los recibe a ustedes me recibe a mí; y quien me recibe a mí, recibe al que me ha enviado.
El que recibe a un profeta por ser profeta, recibirá recompensa de profeta; el que recibe a un justo por ser justo, recibirá recompensa de justo.
Quien diere, aunque no sea más que un vaso de agua fría a uno de estos pequeños, por ser discípulo mío, yo les aseguro que no perderá su recompensa”.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
Cuando inicia Mateo su narración ¿A quiénes se dirige Jesús? Jesús les pide a los apóstoles primacía sobre sus familias, tomar su cruz y seguirlo, de no ser así ¿Qué consecuencia tendría?
¿Qué pasará con los que den su vida por Jesús? Quién reciba a los apóstoles ¿a quiénes reciben también? Por último, hace Jesús un llamado para auxiliar a sus discípulos ¿Qué promete Jesús a quién lo haga?
Interioricemos en el texto
Con sus palabras Jesús pide a los apóstoles que en caso de no coincidir las costumbres y forma de vida de sus familiares con las enseñanzas y valores evangélicos estos últimos deberán prevalecer de ahora en adelante, si en realidad pretenden seguirlo. Además, Jesús les recuerda el compromiso de llevar a cuestas las vicisitudes y responsabilidades diarias, pues seguir a Jesús no es para llevar una vida de comodidades. Después hace portadores los apóstoles de una gran bendición; quienes les reciban no solo les reciben a ellos sino al mismo Jesús y al Padre. Por último, el Evangelio ya no hace referencia solo a los apóstoles sino de manera más amplia se refiere a discípulos y promete a quien muestra compasión y da ayuda a los discípulos débiles y necesitados, a quienes Jesús llama pequeños, que siempre recibirán recompensa por su misericordia.
2. Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Lo que pide Jesús es radical, es hacer vida sus enseñanzas sobre ciertas formas y costumbres que están en nuestro círculo cercano de familiares y amistades y que nos alejan de él. No nos pide alejarnos de nuestra familia y amigos sino de aquello que pueda permearnos y hacer que olvidemos los valores cristianos, quizás por eso también pide cargar en el día a día nuestra cruz, es decir, las vicisitudes y retos que enfrentamos para seguirlo.
¿Sientes que existen costumbres o quizás acciones que consideras cotidianas, pero que en esencia no son adecuadas de un seguidor de cristo? ¿de un católico? ¿crees que puedes hacer que algunas de esas cosas no te contagien o puedas revertir? Estás consciente que al revestirte de las enseñanzas de Cristo que llegan a través de sus apóstoles y que la Iglesia custodia ¿estás recibiendo a Jesús y al Padre en tu vida?
3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?
«Señor, tú dijiste que quien no toma su cruz no es digno de ti. Ayúdame a no huir de las dificultades, y que mi cruz no sea una carga pesada sino un puente seguro para unirme eternamente a tu corazón”. Santa Teresa de Ávila
4. Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Proclamen las obras de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz» (1 Pedro 2,9)
5. Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
El Evangelio direcciona nuestra caridad hacia el pequeño, el débil, el olvidado, el que sufre física o espiritualmente. Sin esperar algún premio en esta vida, pero consientes que Jesús nos promete una recompensa, entreguemos con alegría parte de los dones que hemos recibido de Dios.
Propuesta: Compartamos con un corazón alegre y aminoremos la carga de los necesitados, de los enfermos que sufren, de los olvidados. Donemos alimentos no perecederos para las jóvenes en la Casa Eudes o en la Casa del Migrante. Mitiguemos el dolor de los que sufren acompañándolos, visitando algún asilo. También puedes compartir juguetes para las niñas en la Casa de Jesús. Si no puedes llevar la ayuda directamente apóyate en el Ministerio de Caridad de tu parroquia quienes trabajan y donan su tiempo para hacer llegar tu ayuda a los necesitados.
































































