Si te suena familiar esta pregunta: ¿Para qué voy al sacramento si siempre me confieso de lo mismo?, entonces mira lo que nos explica sacerdote sobre cómo se puede identificar y también enfrentar el poderoso ciclo vicioso del pecado recurrente…

Ana María Ibarra
Cuaresma es un buen tiempo para la reconciliación con Dios, con los demás y con uno mismo. Pero también es un tiempo para buscar la conversión y tratar de eliminar esos vicios o pecados recurrentes que en ocasiones mantienen atada el alma.
Para hablar de estos pecados, el padre Felipe de Jesús Juárez, párroco de Santa María de la Montaña, compartió algunas reflexiones.

Ir al Padre
Para el sacerdote, los pecados recurrentes son una situación que padece el alma en su vida espiritual. Son esa lucha que no se logra vencer.
“Un pecado recurrente es ese aspecto donde nuestra fragilidad es evidente, y se puede pensar que no se puede salir de ese pecado. Puede ser, inclusive, que no nos hemos decidido por el camino de la conversión”, dijo el padre Felipe.
Añadió que caer en un pecado constantemente significa que la persona no se ha decidido a seguir a Jesús, pues una vez que se comienza el camino hacia Dios, la vida se transforma.
“Tal vez exista una pasión dominante, o el desconocimiento de la vida espiritual y es por eso que constantemente estoy cayendo en una práctica”, dijo.
Y abundó: “Para saber si existe el desconocimiento hay que ver si se está consciente del pecado que se está cometiendo. Recurrente significa que esl algo constante y que refleja una falla que no se vence… ahí empieza una situación de vida espiritual que hay que resolver”, aclaró.
Para enfrentar los pecados recurrentes, añadió el padre Felipe, se debe ir constante a la Confesión ya que la gracia va dando el remedio para las caídas que podamos tener.
“Cuando hay arrepentimiento sincero, la gracia viene en nuestra ayuda y podremos vencernos a nosotros mismos. Dios, que es amor, nos quiere salvar. Hay que enfrentar esos pecados con decisión, porque al ser consciente de estos pecados, desalentarme o desanimarme no me va a ayudar en nada, al contrario, me detendrá”, dijo el entrevistado.
El sacerdote recordó la parábola del hijo pródigo: “Me levantaré e iré a mi Padre”.
“Lo que nos está diciendo la gracia de Dios y el Espíritu Santo en la palabra es: levántate, ve a la misericordia, ve al amor del Padre. Hay que enfrentar al pecado pidiendo el perdón de Dios, haciendo lo que me corresponde y permitiéndole a Dios obrar”.

Combate espiritual
El padre Felipe explicó que al iniciar el combate espiritual hay que empezar con el claro signo del discernir para reconocer dónde está el alma. Para ello se debe pedir a Dios su luz, y pedir a la Virgen Santísima que con amor nos ayude a descubrir cuál es el estado de nuestras almas.
“En esos momentos, el Espíritu Santo viene a nuestra ayuda, nos da la luz, nos enseña a ver en dónde nos encontramos espiritualmente. El examen de conciencia diario nos ayuda para avanzar en el conocimiento de las virtudes, para ver la realidad del pecado, el efecto que ha tenido en mí y en lo que estoy viviendo”.
Otro aspecto que ayuda a combatir los pecados recurrentes es tomar la decisión de amar a Dios y no estar fluctuando en dos caminos.
“No hay dos caminos para la salvación, el único camino para nuestra salvación es Cristo y comienza decidiéndonos por Él. No podemos ir vacilantes. Dios tiene misericordia y nos puede permitir estar fluctuando en pecados recurrentes, pero no podemos acostumbrarnos a ello, porque sería nuestra condenación”, sentenció.
Añadió que cuando Dios mira el esfuerzo de la persona, siempre corresponde.
“Dios es misericordioso y quiere nuestra salvación, pero la persona se tiene que esforzar ayudándose con la visita a Jesús Sacramentado diaria, de ser posible; recibir los sacramentos, estar en gracia para recibir la Eucaristía, pero también acercarse con frecuencia al sacramento de la Confesión”.
Más ayuda
Se refirió a otra ayuda en el combate espiritual: los sacramentales.
“Los sacramentales nos ayudan a caminar confiando en el Señor pidiendo su protección, porque el tentador se va a acercar. Estos pueden ser un escapulario, la medalla milagrosa, la medalla de San Benito”, mencionó.
De igual manera, dijo, ayuda pedir al Señor la sanación de las heridas, porque pueden ser causas de pecados recurrentes. Cristo viene a sanar y donde queda una herida sanada no hay posibilidad de que el enemigo venga a contaminar una herida.
Por otra parte, se refirió a la oración:
“Los hermanos que oran por nosotros, como comunidad, son una gracia que obra. Hay que saber vivir en comunidad, no aislarnos en silencio con nuestro pecado, esa es una estrategia del demonio para alejarnos más y seguirnos contaminando para que nos condenemos”.
Pecados recurrentes
Sobre cuáles son los pecados más recurrentes, el padre Felipe dijo que hay una base para el pecado que es la concupiscencia.
“Todos luchamos contra tentaciones. La concupiscencia es caer en cualquier género de pecado, no solo los de la carne, aunque estos sean los pecados más recurrentes. Le hicieron ver a Santa Faustina y también a los niños en Fátima, que los pecados de la lujuria e impureza son los que llevan más almas al infierno”, compartió el sacerdote.
No obstante, dijo, está también el pecado de orgullo y soberbia, mismos que deben ser vencidos, pues solo el que es humilde y manso de corazón entrará en el cielo.
“Dar imagen de bondad es común. Pero no se trata sólo de dar imagen, sino verdaderamente ser buenos”, dijo.
La tibieza en el corazón es muy común, es cuando las personas piensan que ya hicieron mucho para Dios. Solo los que aman a Dios con todo el corazón, con toda su mente, con toda su alma, con todas sus fuerzas son los que se salvan”.
Dar consejo
De acuerdo al entrevistado, los sacerdotes deben pedir al Señor paciencia y caridad ante el alma que quiere acercarse a Dios, y, con el consejo, buscar darle solución a los pecados que sean recurrentes, y a lo que esté viviendo la persona.
“Sobre todo hay que aconsejar que se acerque al Señor y a la presencia de Jesús sacramentado, porque es la fuente de todas las gracias”, afirmó.
Dijo que es recomendable aconsejarle a los fieles que escuchen alabanzas, que no teman y no piensen en que Dios quiere su condenación.
“Esto les evitará tentaciones de pecados de pensamiento, de la desconfianza de la misericordia de Dios. Cuando una persona busca a un sacerdote frecuentemente para la confesión, éste debe encaminarlo a que confíe en la gracia y misericordia del Señor, que se decida a caminar por el camino del Señor”.
Sobre las personas que se confiensan varias veces de lo mismo, el padre Felipe dijo que pudieran verse como alguien que no tiene decisión de la conversión.
“El que se decide por el Señor, prepárese para el combate, dice la palabra de Dios; el que dice que se queda neutro, ya decidió, está con el enemigo. Dice Jesús: el que no está conmigo, está contra mí”, citó el padre Felipe.
Y concluyó diciendo: “Decidamos por el amor infinito de Dios, él ya dio todo por amarnos, por nuestra salvación, no es justo que seamos tibios con Él, que nos amoldemos al pecado y pensemos que no pasa nada. Nuestra respuesta tiene que ser al Señor. No podemos estar entre dos caminos, la decisión es de cada uno. El Señor quiere que estemos unidos a Él”.
Preguntas básicas para un examen de conciencia
¿Cuánto he amado hoy a Dios?
¿Cuánto me he dejado amar por Dios en este día?
¿Cuánto he amado a mis hermanos?
¿En qué he fallado a Dios?
¿En qué he fallado a mis hermanos?
¿Les mostré el amor de Dios’
¿Fui ocasión de pecado para alguna persona?
¿Le quité la paz o fui tentación?
¿En qué me fallé a mí mismo?
¿Fallé en lo que debo hacer como hijo de Dios?
¿Fallé en el proyecto de Dios?
¿Cómo le estoy respondiendo a Dios?
¿Me he hecho daño a mi mismo con alguna sustancia, con algo que estoy descuidando de mi salud?
¿En qué situaciones o pasiones he estado cayendo?

































































