Diana Adriano
Con la celebración del Miércoles de Ceniza, el pasado 18 de febrero dio inicio la Cuaresma 2026. En la Catedral de Ciudad Juárez, la Eucaristía de las 8:00 de la mañana fue presidida por el señor obispo don José Guadalupe Torres Campos, acompañado por el padre Eduardo Hayen, párroco, así como por sus vicarios Arturo Martínez Hernández y Daniel Samaniego.
Al iniciarse este especial tiempo litúrgico, el obispo invitó a los fieles a vivirlo como un verdadero “desierto espiritual”, no como un acto exterior o de simple tradición.
Subrayó que la Cuaresma no puede reducirse a una práctica superficial ni a una conversión aparente, señalada fuertemente por Jesús como hipocresía, sino que debe ser un cambio profundo del corazón.
“No hay decisión verdadera si no hay un cambio real”, expresó.
Insistió en que tomar la ceniza no debe ser un gesto vacío, sino un compromiso concreto de transformación interior, permitiendo que Dios guíe los pasos, la mente, la inteligencia y la voluntad de cada creyente.
Tres medios fundamentales
Monseñor Torres recordó que la Iglesia propone tres medios fundamentales para vivir este tiempo: el ayuno, la oración y la caridad.
Sobre el ayuno, explicó que no se trata únicamente de una práctica alimentaria —que la Iglesia establece en días específicos— sino también de renunciar a actitudes, pensamientos y acciones que dañan la relación con Dios y con los hermanos, como el egoísmo, la crítica, el rencor o la indiferencia.
El obispo hizo un llamado especial al arrepentimiento sincero: reconocer los propios pecados, debilidades y faltas, poniendo nombre a aquello que endurece el corazón.
“Crea en mí, Señor, un corazón nuevo”, expresó, invitando a pedir a Dios un corazón semejante al de Cristo, humilde y misericordioso.
También advirtió sobre el riesgo de realizar prácticas religiosas por apariencia, buscando el reconocimiento de los demás.
“Que todo sea en lo secreto, donde el Padre ve”, recordó, insistiendo en que la conversión auténtica nace en la intimidad con Dios.
Luego de escuchar al obispo, los fieles atestiguaron la bendición de la ceniza, que más adelante les fue impuesta como un signo visible de arrepentimiento y del inicio de un camino de preparación hacia la Semana Santa, en la que se conmemorarán los misterios centrales de la fe: la Pasión, Muerte y Resurrección del Cristo.
El propio obispo recibió la ceniza de manos del padre Eduardo Hayen, y luego éste la impuso al resto de los sacerdotes, para luego realizar el mismo ritual con los cientos de fieles que ese día se congregaron en la Catedral, al igual que lo hicieron en los templos católicos de toda la diócesis y del mundo entero.
































































