Julio Refugio Getsemaní Fernández Rangel | Instituto Diocesano de Teología
Con motivo de la próxima solemnidad de San Pedro y San Pablo, y como un homenaje de gratitud a nuestro pastor, Don José Guadalupe Torres Campos, por su nombramiento como Obispo de Ecatepec y su apoyo a la formación teológica en nuestra diócesis, continuamos con esta tercera entrega de una serie de artículos inspirados en el misterio petrino.

En el lenguaje del mundo, la autoridad tiene que ver con el ejercicio del poder y la verticalidad en el mando. Sin embargo, en la lógica del Reino de Cristo, es justamente al revés: la autoridad se transforma en diaconía, es decir, en un servicio por amor. Así sucede también con el Primado del colegio de los doce Apóstoles, donde Pedro no es un soberano absoluto sobre los demás; la teología patrística lo define con esta hermosa expresión: él es el Primus inter pares, el primero entre iguales.
En el Nuevo Testamento, de manera especial en el llamado Concilio de Jerusalén (Hechos 15), se puede observar esta dinámica de comunión. Ante la primera gran crisis doctrinal de la Iglesia primitiva, a saber, el debate sobre si los paganos convertidos debían circuncidarse, los Apóstoles y los presbíteros se reúnen para deliberar. No hay un decreto autoritario, más bien, hay diálogo, escucha y oración en común. No obstante, cuando la discusión arrecia y está a punto de salirse de control, es precisamente Simón Pedro quien se levanta para hablar con autoridad, recordando la acción del Espíritu Santo y trazando el rumbo doctrinal. La función del Primus no es apagar la voz de sus hermanos, sino escuchar el clamor del Espíritu y confirmar a los demás en la verdad recibida.
La Cátedra de Pedro, por lo tanto, es el símbolo del servicio a la unidad de la fe y de la caridad. El Papa, y por extensión el Obispo en su iglesia local, ejerce esta autoridad como un custodio de la comunión. Su misión es garantizar que la diversidad de carismas, ministerios y opiniones dentro de la Iglesia no se traduzca en división, sino que converjan armónicamente en el único Cuerpo de Cristo. La autoridad eclesial debe servir para tejer lazos de fraternidad y fidelidad al Evangelio.
En nuestra diócesis, Don José Guadalupe Torres Campos ha sido fiel testimonio de este ministerio; con su cercanía, ha sido verdaderamente el “primero entre iguales”, el promotor y garante de la unidad. Como cabeza del presbiterio y pastor de Ciudad Juárez, ha edificado puentes, ha escuchado con paciencia y nos ha sostenido en la comunión. En vísperas de su traslado a la Diócesis de Ecatepec, agradecemos que su autoridad haya sido siempre un reflejo de esa cátedra de servicio y paternidad. Elevemos nuestra oración para que el Señor le conceda, en su nuevo destino, seguir siendo siempre el pastor que congrega y confirma a sus hermanos.
































































