Mtro. Iván González/Historiador
Tras el gozo por el Nacimiento del Hijo de Dios, la Iglesia celebra la Epifanía del Señor, la manifestación de Jesús como Salvador de todos los pueblos de la Tierra. Esta festividad se fundamenta en las Sagradas Escrituras, comenzando por la visión profética de Isaías (60, 1-6), que anuncia la llegada del Plan Salvífico que abraza a todas las naciones:

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti… Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.”
Esta promesa del Antiguo Testamento, halla su cumplimiento pleno en el evangelio según San Mateo (2, 1-12), que narra la visita de los magos. En este pasaje, todos los gentiles —representados en los sabios de oriente— participan del encuentro entre la humanidad y su Creador:
«Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». […] Y la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra».
Los fieles católicos, al igual que los magos, estamos llamados hoy, a un ejercicio vivo de la fe. No basta con observar la luz a la distancia; es necesario ponernos en el camino hacia el encuentro con Jesús nacido, y ofrecer lo mejor de nuestra existencia: el oro de nuestra libertad, el incienso de nuestra oración y la mirra de nuestras fragilidades.
Sobre este ejercicio de espíritu cristiano, el Papa Francisco (†), en su homilía del 6 de enero de 2023, nos recordaba:
«Como los Magos, postrémonos y entreguémonos a Dios en el asombro de la adoración. Adoremos a Dios y no a nuestro yo; adoremos a Dios para no postrarnos ante las cosas que pasan, ni ante las lógicas seductoras pero vacías del mal. Hermanos, hermanas, abramos el corazón a la inquietud, pidamos el valor para recorrer el camino de la búsqueda y la humildad de adorar. Entonces, descubriremos que la luz que ilumina las oscuridades de la vida es la gloria del Señor».
Así, al partir la rosca de Reyes en compañía de nuestras familias, y como signo de esta luz que santifica nuestra realidad cotidiana y nuestros hogares, compartamos esta oración:
Señor Jesús, hoy nos reunimos con alegría para celebrar que te has manifestado a todos los pueblos. Al partir esta rosca, recordamos el camino de los Magos hacia Belén. Bendice este pan y a nuestra familia. Que la búsqueda del ‘Niño’ oculto en esta rosca nos recuerde que Tú siempre estás presente en lo sencillo y en el corazón de nuestros hermanos. Amén
Como fieles católicos, debemos transformar cada encuentro en una epifanía (manifestación) de la esperanza y salvación, que es en Cristo Jesús.

































































