Lectio Divina correspondiente al domingo 11 de enero. El Bautismo del Señor. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…

Jorge Sánchez/ IBSJ
- Lectura: ¿Qué dice el texto?
Mateo 3, 13-17
En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo: “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Éste es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿De dónde venía Jesús cuando llega al río Jordán? ¿a quién le pide Jesús que lo bautice? ¿por qué el profeta Juan se resistía a bautizar a Jesús? ¿Qué argumento convence a Juan para realizar el bautismo de Jesús? Al salir del agua Jesús ve al Espíritu Santo que descendía ¿en forma de qué? y ¿qué le dice la voz del Padre que escucha?
Interioricemos en el texto
Jesús llega al río Jordán y busca el bautismo del profeta Juan quien impartía un bautismo de arrepentimiento, de conversión para el perdón de los pecados y, quizás por eso, no quería bautizar a Jesús; sin embargo, buscando cumplir con las profecías de la Escritura Jesús es bautizado: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha consagrado, me ha enviado a dar buenas noticias a los pobres, a aliviar a los afligidos…” (Isaías 61,1). En este momento, fortalecido Jesús con el poder del Espíritu y con la declaración del amor filial al Hijo por parte del Padre; inicia su ministerio, su actividad salvadora; de aquí la gran importancia del momento que nos narra el Evangelista.
- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Jesús antes de iniciar su misión se pone en disposición de cumplir lo que el Padre nos ha pedido a todos: tener una vida de arrepentimiento conversión, de hecho, aun cuando él nunca pecó, cumple lo solicitado por el Padre dejándonos así un gran ejemplo de obediencia. Por eso después de haber cumplido recibe el poder de lo alto: el Espíritu desciende sobre él y el Padre declara su gran amor filial al Hijo. Reflexionemos hasta qué punto hacemos la voluntad de Dios o ¿regularmente nos vence la voluntad propia? Siempre añoramos e incluso oramos pidiendo que el Espíritu nos ilumine y guíe; precisamente esta parte el Evangelio nos muestra la importancia de tener un corazón abierto a la voluntad de Dios para allanar el camino y recibir los dones del Espíritu que nos llevarán a una vida de salvación. Qué es más fácil para ti ¿realizar actos que hacen valer tu entender y tu parecer o hacer la voluntad del Padre? El hacer la voluntad de Dios es escuchar y seguir a Jesús ¿hace cuánto tiempo que no abres tu biblia para tratar de conocer la Voluntad de Dios? Cuando oras ¿dejas el tiempo necesario para escuchar a Dios o solo esperas que él te escuche?
- Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Padre amoroso que en el río Jordán expresaste tu gran amor al Hijo, ayúdame a encontrarte en la Sagrada Escritura, en mi familia, en mis amigos, en los sacramentos y así poder llegar a comprender y realizar tu voluntad. Amén.
- Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«Dios no hace distinción de personas, acepta al que le teme y practica la justicia» (Hechos 10, 34-35)
- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Estamos iniciando un nuevo año y a veces lo llenamos de retos y metas a lograr, lo que hace un buen momento para plantearnos dedicar un espacio diario para la oración, la lectura de la Biblia y también para algo importante: mostrar nuestro amor para los necesitados y olvidados.
Propuesta: Iniciemos por reflexionar sobre los olvidados, entre ellos pueden estar familiares y amigos que están necesitados de compañía, de una visita o incluso una llamada breve puede llenar su corazón y el nuestro, de alegría y fe. En cuanto a los necesitados; es solo nuestra decisión de compartir de lo poco o de lo mucho que tenemos, quizás alimentos no perecederos que puedes entregar directamente en algún orfanato o asilo y, si lo prefieres, puede ser a través del ministerio de caridad de tu parroquia.

































































