Presencia
Transportistas y agricultores que realizaron paro este mes de abril en carreteras del país, anunciaron que seguirán las protestas y el plan de un paro Nacional.
Integrantes de la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) y el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) se reunirán en el «Primer Encuentro Nacional de Productores, Transportistas y Sectores Diversos de la Sociedad Mexicana», luego de meses de iniciado el diálogo con el Gobierno de México.
Los inconformes aseguran que no ha recibido respuestas y soluciones a sus demandas por parte del Gobierno Federal y que han recibido represión a las movilizaciones. Pero advirtieron que sigue el plan de un paro nacional que decidirán este mismo mes. Por ello la pregunta de esta semana es:
¿Qué opina de las medidas que han tomado los transportistas a nivel nacional para plantear sus demandas y qué avizora para la economía con éstas?
Mario Cepeda/Presidente COPARMEX Federación Chihuahua
Se entiende la razón por la cual los transportistas y campesinos, que han sido los dos grupos que han estado expresando esta necesidad de intervención del gobierno, pero, por otro lado, eso no jusifica que dañe a otros sectores económicos como en nuestro caso. Imaginemos que una empresa extranjera está pensando en venir a invertir a Ciudad Juárez para poder exportar y luego ve estas manifestaciones, ¿Qué va a pensar de nuestro país y de las posibilidades de tener una estabilidad tanto económica como política? creo que lejos de cumplir con las demandas de estos sectores, deberían de acercarse, quizá hacer otro tipo de presión con el gobierno federal para que les ayude a subsidiar los precios de garantía que tienen en el campo, a corregir los problemas que tienen en el área y sobre todo a proveer las condiciones de seguridad para el libre transporte en el país sin afectar otros sectores; ya lo vimos en ocasiones pasadas en la frontera, que al cerrar los puentes, que las maquiladoras, las empresas IMEX, pierden posibilidad de sacar el producto de sus plantas parando producción, mandando a paro ténico a sus empleados, entonces no solamente afectan la economía de manera general, sino al bolsillo de las familias de los hogares que dependen de estos trabajos
Por otra parte, el primer responsable de resolver el conflicto es el gobierno, que ha hecho caso omiso a todas estas demandas o no ha puesto sobre la mesa alternativas viables para poder apoyar a estos sectores económicos. Es complicado y más aun por la renegociación del TMEC que se está viviendo en estos meses y es crítico que se resuelva a la brevedad, para que pueda ser atractiva nuestra ciudad para recibir inversión extranjera nuevamente.
René Morales/ Chofer de transporte foráneo
Mi opinión muy particular sobre este tema, es la falta de diálogo entre el gobierno y los transportistas en cuestión de seguridad en las carreteras, los costos en los combustibles ( sobre todo en el diesel, cruces y casetas) ya que sube el costo por operación y maniobras, costo que el transportistas buscan la mejor manera de costearlo, por lo que si sube más el precio del servicio, repercute en que a los que se les da el servicio, busquen otras opciones, y al no ver respuesta del gobierno, la opción para ser escuchados es tomar casetas, bloquear carreteras y así presionar para que se le dé repuesta a sus demandas. Pero esto detona en forma negativa a la población ¿En qué sentido?: alto costo de los alimentos y servicios, por ejemplo, en nuestra frontera que ya tuvimos la experiencia del cierre de los puentes internacionales (diciembre 2025), fue un caos terrible, y pérdidas económicas grandes. Pero también, y no menos importante, está el desgaste físico y mental de los choferes en los bloqueos, ya que fueron días varados en las casetas y puentes, causando gran desesperación de no ver a sus familias ni poder llevar el sustento económico a tiempo. Esperamos en nuestro Señor que se logre el buen diálogo en ambas partes.
Isela Molina/ Presidenta saliente de CANACINTRA Juárez
Cuando las crisis escalan hasta paralizar carreteras y cruces fronterizos, las consecuencias impactan también a la industria, al comercio y al empleo en ciudades como Ciudad Juárez, donde miles de familias dependen del flujo constante de mercancías.
Nuestra ciudad se encuentra en un estado de emergencia productiva. La interrupción en la cadena de suministros provoca un daño económico que ya no se puede ignorar. Estamos hablando de pérdidas estimadas en cientos de millones de dólares.
Gerardo Sánchez Soledad/USEM
Desde hace semanas, los bloqueos carreteros protagonizados por transportistas han vuelto a ocupar los titulares en México. Antes de emitir un juicio fácil, vale la pena detenerse a entender qué hay detrás, qué está en juego, y qué nos toca hacer a cada uno.
Quienes mueven las mercancías de este país enfrentan una realidad que pocos dimensionamos desde la comodidad de las ciudades: carreteras inseguras, extorsión frecuente, pérdida de unidades y cargas, y un patrimonio que se erosiona con cada kilómetro recorrido. Como consecuencia, los seguros para transporte de carga han subido de manera estratosférica —cuando se consiguen—, encareciendo una operación que ya de por sí tiene márgenes estrechos. No es capricho ni provocación. Es la expresión de una frustración acumulada ante un Estado que no ha cumplido su obligación más básica: garantizar la seguridad de sus ciudadanos en el territorio nacional.
Se sabe, además, que no es la primera vez que se sientan a dialogar. Ha habido mesas, acuerdos y compromisos que quedaron en papel. Eso explica —aunque no justifica— que regresen a los bloqueos como único lenguaje que parece ser escuchado.
Aquí es donde debemos ser honestos, con empatía pero con claridad. Bloquear un puente internacional, como ha ocurrido en Ciudad Juárez, genera pérdidas millonarias para maquiladoras, empresas y trabajadores que no tienen ninguna responsabilidad en la inseguridad de las carreteras. El responsable de garantizar seguridad es el Estado, no la industria que depende del cruce fronterizo, no el empleado que pierde jornadas, no la familia que espera un pedido.
Recibir una injusticia no nos da el derecho de cometer otra. Este principio, sencillo pero profundo, es el corazón de cualquier convivencia civilizada. La presión legítima debe dirigirse hacia quien tiene la obligación de resolver el problema, y debe hacerse por medios que no transfieran el costo a quienes son igualmente víctimas del mismo sistema que falla.
¿Existen formas de presión pacífica igualmente efectivas? Sí. Paros escalonados y anunciados con anticipación, caravanas visibles en las capitales, campañas coordinadas con cámaras empresariales, documentación pública de incidentes con datos duros, y articulación con organizaciones de la sociedad civil son herramientas que no implican paralizar la vida económica de terceros inocentes. La creatividad cívica existe; hace falta voluntad para activarla.
Quizás lo más urgente es salir de la indiferencia. Cuando un transportista pierde su carga, cuando una cadena de suministro se rompe, el costo final llega a las familias mexicanas en forma de precios más altos en productos básicos, alimentos y servicios. No es un problema de ellos. Es un problema nuestro.
Y si es un problema de todos, también la solución lo es. Como ciudadanos tenemos más poder del que creemos:
- Informarse y compartir con rigor. Evitar difundir rumores que polaricen. La verdad bien comunicada es un acto cívico que vale más de lo que parece.
- Exigir cuentas a las autoridades. A través de redes sociales, cartas a representantes o participación en espacios ciudadanos. El silencio también es una forma de complicidad con la impunidad.
- Respaldar a quienes documentan y denuncian. Organizaciones de transportistas, cámaras de comercio y periodismo de investigación necesitan peso social para ser escuchados.
- Reconocer el trabajo del transportista. Detrás de cada producto en un anaquel hay alguien que arriesgó su patrimonio y su vida para llevarlo hasta ahí. Eso merece gratitud y solidaridad activa, no solo cuando hay crisis.
México necesita transportistas seguros, carreteras libres y un Estado que cumpla su palabra. Pero también necesita ciudadanos que exijan sin destruir, que denuncien sin dañar, y que entiendan que la paz no se decreta: se construye, día a día, desde cada decisión que tomamos juntos.

































































