Lectio Divina correspondiente al domingo 19 de abril. III Domingo de Pascua. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…
Jorge Sáncez/ IBSJ
- Lectura: ¿Qué dice el texto?
Lucas 24, 13-35
El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: «¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?» Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?» Él les preguntó: «¿Qué cosa?» Ellos le respondieron: «Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él, sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron». Entonces Jesús les dijo: «¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?» Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.
Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer». Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: «¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!» Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: «De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón». Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿Cuántos de los discípulos se dirigían a Emaús? ¿Quién se les acerca y camina junto a ellos? ¿Cómo se llamaba el discípulo que se sorprende de que no hubiera escuchado hablar del profeta poderoso en obras y palabras, originario de Nazaret? ¿Con qué fin los sumos sacerdotes y jefes entregaron a Jesús? ¿Qué esperaban los discípulos que hiciera Jesús en vida? ¿Quiénes avisan a las mujeres que Jesús estaba vivo? Viendo el Resucitado que no eran capaces de entender lo que pasaba ¿con qué argumentos les hace ver la Verdad? ¿En qué momento los discípulos reconocen al Resucitado? Los dos discípulos se regresan a Jerusalén y ¿a quiénes buscan para compartir lo que les ha ocurrido y las enseñanzas recibidas?
Interioricemos en el texto
Además de los Doce cercanos a Jesús él tuvo más discípulos que lo siguieron y después de su crucifixión algunos regresaron a su vida anterior tristes, pues no habían visto sus deseos de liberación cumplidos y no habían comprendido las profecías contenidas en las Escrituras. Ya de regreso el Resucitado camina junto a ellos y, solo después de que abren su corazón a las enseñanzas de Jesús, le reconocen durante la bendición del pan y de inmediato regresan felices a Jerusalén para dar testimonio que el Maestro ha resucitado.
- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
¿Conozco las profecías que hablan sobre el Mesías esperado por el pueblo de Dios? Si no es así ¿he puesto atención y he buscado la enseñanza que se encuentra en la Sagrada Escritura? ¿He participado de cursos y catequesis que se ofrecen para conocer mejor al Maestro y sus enseñanzas? Como bautizados somos discípulos privilegiados del Señor, pero quizá, así como los discípulos de Emaús, hemos estado esperando “algo” equivocado, algo que nos opaca el conocer la verdadera alegría de la Resurrección, la derrota de la muerte eterna y la Esperanza en nuestra resurrección.
- Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Señor Jesús, abre mi corazón y mi entendimiento a tu Palabra,
permite que al igual que los dos discípulos de Emaús entienda las Escrituras y
sea capaz de dar testimonio de tu resurrección.
Amén.
- Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces durante la semana un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«A Jesús Dios lo resucitó, y de ello todos nosotros somos testigos» (Hechos 2, 32)
- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Vivimos ahora un tiempo de alegría pues el Señor resucitó; a este tiempo de siete semanas
le llamamos de Pascua y comprende los días antes de Pentecostés, fecha en que se cumplirá la promesa de enviar a nosotros el Espíritu Santo.
Propuesta: Mostremos nuestro amor hacia los hermanos en necesidad y soledad compartiendo con la alegría de la Resurrección alimentos no perecederos, productos de higiene o juguetes en algún comedor comunitario, orfanatorio o asilo. Recuerda que si no puedes llevar tu ayuda personalmente puedes hacerlo a través del ministerio de caridad de tu parroquia.

































































