Diana Adriano
El domingo 22 de febrero, el obispo de la Diócesis de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos, celebra 20 años de su ordenación episcopal: dos décadas de servicio marcadas por la fe, el acompañamiento pastoral y el compromiso con esta Iglesia fronteriza.

En entrevista exclusiva con periódico Presencia, el pastor diocesano compartió su sentir ante este aniversario, haciendo memoria de los retos, aprendizajes y satisfacciones que han marcado su ministerio, así como los desafíos que hoy enfrenta esta porción del Pueblo de Dios.
Aquí la entrevista.
- ¿Cuáles diría usted que han sido sus mayores retos y logros en 20 años de servicio episcopal?
Sin duda alguna han sido muchos retos. Primero, a nivel personal: la fidelidad y la perseverancia. Mantener siempre la unión con Dios, la unión con el episcopado, fortalecer mi vida espiritual para tener la gracia, la fuerza y la sabiduría necesarias para servir. Es un reto personal que cada día pido a Dios que me renueve.
En el ámbito pastoral, uno de los principales retos es el presbiterio. No como problema, sino como tarea fundamental del obispo: mantener la unidad, acompañar y apoyar a los sacerdotes en su persona y en su formación.
Otro gran reto es el Seminario, que es el corazón de la diócesis, junto con las vocaciones. Hoy se habla de crisis vocacional y no somos la excepción, pero en Ciudad Juárez tenemos vocaciones, gracias a Dios. El reto es promoverlas y acompañar bien a los seminaristas en su formación espiritual, humana, doctrinal y pastoral.
También están los retos sociales: la migración por ser frontera, la violencia, la justicia y la paz, acompañar a los encarcelados, a las familias de personas desaparecidas. El trabajo con jóvenes, adolescentes y niños en la catequesis, las confirmaciones, los matrimonios. Y no deja de ser reto la economía y la buena administración de los bienes.
En cuanto a logros, es difícil hablar de logros personales. Más bien hablo de satisfacciones. En Gómez Palacio fui el primer obispo y me tocó iniciar la diócesis, estructurarla y darle solidez pastoral. Fue una gran gracia de Dios.
Aquí en Ciudad Juárez, primero como auxiliar con don Renato Ascencio León (qepd) y ahora como obispo titular, valoro mucho la unidad del presbiterio, la fraternidad sacerdotal, el laicado comprometido. También la construcción de la casa sacerdotal junto con la iglesia de San Juan XXIII. No son logros personales, sino frutos de toda la diócesis.

- La mayor parte de su ministerio lo ha ejercido en Ciudad Juárez, ¿Cómo se ha sentido este tiempo pastoreando a una comunidad fronteriza?
Muy contento. Primero como obispo auxiliar, aprendiendo durante tres años junto a don Renato, y ahora ya casi once años como obispo titular.
Ciudad Juárez es una diócesis hermosa, fronteriza, con un presbiterio extraordinario, un Seminario consolidado y un laicado muy comprometido. La gente es solidaria y fraterna. Me siento feliz y orgulloso de servir aquí. Si el Señor quiere que continúe, con gusto; si tiene otros planes, también. Pero soy muy feliz en esta diócesis.
- ¿Cómo ve a la Iglesia diocesana local en este momento de su historia (a 68 años de su erección canónica) y las realidades que le ha tocado vivir?
Son 68 años de historia. Manuel Talamás Camandari dio los inicios y dejó bases muy sólidas. Después vinieron otros obispos, entre ellos Juan Sandoval Íñiguez por un breve tiempo, y posteriormente Renato Ascencio León, quien impulsó el diaconado permanente.
Han cambiado las circunstancias: violencia, migración, pandemia, crisis sociales. Sin embargo, la diócesis sigue siendo fuerte, unida y comprometida. Es una diócesis resiliente que ante la adversidad se une y trabaja en conjunto. Hemos tenido vocaciones constantemente y eso es una gran bendición.
- ¿Cuáles considera son los pendientes que enfrenta esta porción del pueblo de Dios?
El principal pendiente es acompañar mejor a quienes sufren: víctimas de violencia, pobreza, desapariciones.
También fortalecer la evangelización y unificar criterios en la catequesis: confirmaciones, quinceañeras, preparación sacramental. Renovar el plan diocesano de pastoral, fortalecer la sinodalidad, trabajar en unidad con la Iglesia universal y nacional.
Es necesario que cada parroquia tenga sus consejos, su sectorización y comunidades de reflexión. Tenemos buen material humano: sacerdotes, religiosos, laicos y seminaristas. Pero hay que redoblar esfuerzos y trabajar juntos.
- ¿Qué le viene a su mente al celebrar 20 años como obispo?
Gratitud a Dios. Parece que fue ayer cuando me recibieron como obispo auxiliar y luego como titular. Recuerdo momentos muy significativos como la visita del Papa Francisco a Ciudad Juárez, los congresos marianos y eucarísticos, el Rosario Viviente.
También reconozco mis errores. Soy humano y pido perdón. Siempre he intentado servir con honestidad, generosidad y amor de padre y pastor.
- ¿Cuál es su mensaje a la comunidad?
Agradecerles sus oraciones y el cariño que le tienen al obispo y a los sacerdotes. Les pido que sigan orando por mí, por los sacerdotes, por el Seminario y por las vocaciones.
Yo oro por ustedes. Cuenten con mi cercanía, mi cariño y mi amor de padre y pastor. Renovémonos, confiemos en Dios, en el Espíritu Santo y sigamos caminando juntos como Iglesia.

Cargos que ha desempeñado
– Prefecto de secundaria en el Seminario Menor de León 1984-1985.
– De 1985 a 1988 obtuvo la Licenciatura en Historia de la Iglesia, en la Pontificia Universidad Gregoriana.
– Profesor de Historia de la Iglesia y Patrología en el Seminario Mayor de León 1988- 1991.
– Vicario Parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe (San Carlos de Roma) en León Guanajuato 1990-1995.
– Secretario Canciller de la Diócesis de León 1993-1995.
– Párroco de Nuestra de nuestra Señora de Guadalupe del Puente, en Irapuato, Guanajuato 1995-2002.
– Decano del decanato de Nuestra Señora de la Soledad en Irapuato Guanajuato 1996-1997.
– Vicario Episcopal de la Zona Pastoral de Irapuato 1998-2003.
– Párroco de Nuestra Señora de la Soledad en Irapuato, Guanajuato 2002-2006.
– Vicario General de la Diócesis de Irapuato 2004-2005.
– Nombrado Obispo Auxiliar de la Diócesis Ciudad Juárez el 10 de diciembre del 2005.
– Ordenado Obispo Auxiliar de Ciudad Juárez el 22 de febrero del 2006.
– Nombrado como primer Obispo de la Nueva Diócesis de Gómez Palacio el 25 de noviembre del 2008.
– Miembro del Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, representando a la provincia de Durango desde noviembre del 2013.
– Desde el 5 de diciembre del 2014 integrante de la Dimensión Episcopal de Justicia -Paz y Reconciliación, Fe y Política.
– Nombrado Obispo de Ciudad Juárez por su Santidad Francisco, el 20 de diciembre de 2014.
– Responsable de la Dimensión Episcopal para la Movilidad Humana 2018-2024

































































