Venga a Nosotros Tu Reino
Mons. Ramón Castro Castro/ Presidente CEM
Dios actúa directamente en el corazón de cada persona y realiza auténticos milagros que transforman las tinieblas en luz, la tristeza en alegría. Pero Dios también ha querido contar con nosotros como cooperadores de su plan de salvación.
Como Iglesia somos mensajeros de una buena noticia que cambia vidas. Pero un embajador debe verificar en sí mismo aquello que predica. Cuando no lo hace, se vuelve un charlatán e hipócrita que ni siquiera se atreve a vivir lo que pide a los demás.
En nuestro México hemos visto demasiados líderes que predican una cosa y viven otra.
Políticos que hablan de austeridad mientras se enriquecen. Empresarios que hablan de responsabilidad social mientras explotan a los trabajadores. Predicadores que hablan de humildad mientras buscan el poder. En cambio, cuando alguien intenta vivir con esfuerzo y coherencia lo que anuncia, entonces es un testigo creíble.
Vivir de manera coherente no significa vivir de manera perfecta. Siempre seremos seres limitados, pero podemos vivir poniendo toda la carne al asador, como decimos los mexicanos.
El Papa Benedicto XVI nos pidió que a través de nuestra actuación, nuestro hablar, nuestro silencio y nuestro ejemplo fuéramos testigos creíbles de Cristo. Que lleváramos una vida auténtica viviendo de manera consecuente con las verdades que creemos. En efecto, el amor que nos tengamos entre nosotros y que tengamos a todos los demás es lo que nos hace testigos creíbles.
Nuestro Señor lo dice, ‘en esto reconocerán que ustedes son mis discípulos en el amor que se tengan a unos a los otros’. La fraternidad y la solidaridad, la justicia y la participación ciudadana, la veracidad y el trabajo honesto no deben ser meras palabras bonitas, sino valores que se encarnan en nuestro día a día.
Cuando una madre de familia migrante comparte su comida con otra familia más necesitada, cuando un empresario paga salarios justos, aunque podría pagar menos, cuando un joven decide estudiar en lugar de buscar dinero fácil en actividades ilícitas, cuando un político realmente busca el bien común y no su beneficio personal, cuando alguien entiende que sus bienes tienen un destino universal y los comparte, cuando participamos en nuestra comunidad no para destacar, sino para servir, somos testigos creíbles.
Te invito a algo: Piensa en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, el bien común, el destino universal de los bienes, la participación, la solidaridad y reflexiona cómo ser testigo creíble de esos valores en tu trabajo, en tu hogar, en tus amistades. Cómo vivir la verdad cuando todos mienten. Cómo vivir la justicia cuando la corrupción parece normal. Cómo vivir la libertad auténtica cuando el libertinaje se confunde con progreso.
Los santos son nuestro ejemplo inspirador. Fueron testigos creíbles de Cristo en su vida cotidiana. Pero no necesitas ser santo para empezar a ser testigo creíble. Puedes empezar hoy, allí donde estás, con lo que tienes. Como el maestro que llega temprano a su escuela en una zona marginada. Como la enfermera que trata con dignidad al paciente sin seguro social. Como el chofer que no participa en conversaciones que dañan la reputación de otros. Como los santos, pidamos la gracia de Dios a través de la oración y los sacramentos. Como ellos, vivamos alegremente la fe. Como ellos, seamos luz y sal para el mundo.
En un México cansado de promesas vacías, de líderes que defraudan, de instituciones que no funcionan, el mundo necesita desesperadamente testigos creíbles. No perfectos, pero auténticos. Estos principios encarnados y testimoniados por nosotros nos volverán evangelios vivos de Cristo en medio del mundo. Los demás leerán en nuestras vidas un mensaje de esperanza y de verdadero sentido de existencia.
Venga a nosotros, tu Reino.

































































