En concurrido Encuentro Provincial de Catequistas, el obispo de la Tarahumara convocó a los católicos chihuahuenses a realizar cada uno pequeñas acciones para “sanar la Casa Común”

Paulina Ruiz
En un encuentro que unió a miles de formadores de la fe, monseñor Juan Manuel González, obispo de la Diócesis de la Tarahumara, lanzó un energético llamado a la conciencia ecológica, definiendo el cuidado del medio ambiente no solo como una labor social, sino como una responsabilidad de fe y un compromiso ético ineludible para la Iglesia.
El Encuentro Provincial de Catequistas se realizó el pasado sábado 14 de marzo en el Gimnasio del Colegio de Bachilleres, a donde llegaron educadores en la fe de las seis diócesis de la Provincia Eclesiástica Chihuahua: Parral, Nuevo Casas Grandes, Cuauhtémoc-Madera, Tarahumara, Chihuahua y la propia anfitriona, Ciudad Juárez.
Dolor común
Durante el primer tema, el obispo González Sandoval, quien fue el predicador principal, invitó a los presentes a reflexionar sobre las heridas ecológicas visibles en el estado de Chihuahua. Mediante una dinámica que evidenció la magnitud del problema, miles de manos se levantaron para testificar la escasez y el desperdicio de agua, la acumulación de basura y la contaminación del aire que afecta desde las ciudades hasta los valles agrícolas de Delicias y Camargo.
“Nuestra casa común enfrenta grandes desafíos: la tala ilegal, los incendios forestales y una sequía prolongada que degrada los bosques que por siglos han sostenido la vida de los pueblos originarios”, señaló el obispo. Recordó, citando al Papa Francisco, que cuando se deteriora la sierra, no solo se pierde la naturaleza, sino que se afecta la cultura y la espiritualidad de las comunidades indígenas, para quienes la tierra es un don de Dios y no un simple bien económico.

Una cultura de descarte
El obispo cuestionó severamente los hábitos de consumo actuales, señalando un dato alarmante: tras la visita de feligreses a la Basílica de Guadalupe, se recolectaron 25 toneladas de basura. Advirtió que esta contaminación termina en arroyos y ríos, provocando graves consecuencias para la salud, especialmente entre los más pobres.
Asimismo, subrayó que el acceso al agua potable es un derecho humano básico y universal, advirtiendo que, de continuar con el desperdicio, es costo de los alimentos y la calidad de vida entrará en una crisis sistemática mayor.
Tres pilares de compromiso
Ante más de 3 mil 600 catequistas, el obispo enfatizó que la misión de educar a niños y jóvenes debe incluir el amor por la tierra.
Con la frase colectiva “la creación es un regalo de Dios y nosotros la vamos a cuidar”, se establecieron tres compromisos fundamentales para los agentes de pastoral ahí reunidos:
1.Educar para amar la creación: Erradicar malos hábitos de desperdicio.
2.Dar ejemplo con pequeños gestos: Mantener limpios los espacios y no tirar basura.
3.Acciones de conciencia: Promover en las comunidades la protección de los recursos naturales.

Por el medio ambiente
El obispo Juan Manuel finalizó su participación diciendo:
“Hablar del cambio climático, también es notar que los problemas que vivimos cada vez son más graves en el mundo”.
De acuerdo a los asistentes, este tipo de encuentros fortalecen su compromiso como formadores en la fe.
Otros catequistas agradecieron que se haya impartido el tema sobre el medio ambiente, ya que esto les permitió reconocer la misión que tienen como educadores en el tema del cuidado de la Creación, y así enseñar a sus catecúmenos pequeñas acciones que puedan cambiar la forma en que ellos mismos y sus familias se relacionan con el medio ambiente.

































































