Lectio Divina correspondiente al domingo 12 de abril. II Domingo de Pascua de la Divina Misericordia. Reflexión y acción de la Palabra de Dios, con la guía de integrantes del Instituto Bíblico San Jerónimo…

Samuel Pérez/ IBSJ
- Lectura: ¿Qué dice el texto?
Juan 20, 19-31
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría. De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”. Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Ahora hagámonos las siguientes preguntas:
¿En qué día y cómo se encontraban los discípulos cuando Jesús se presentó por primera vez? ¿Cómo saluda Jesús a los discípulos y qué les mostró para confirmar su identidad? ¿Qué misión les confió y qué acción realizó sobre ellos? ¿Qué dijo Tomás cuando le anunciaron que habían visto al Señor? ¿Qué invitación le hizo Jesús a Tomás cuando volvió a presentarse en presencia de él? ¿Cuál fue la reacción de Tomás? ¿Qué bienaventuranza proclama Jesús y a quién va dirigida? ¿Cuál es la finalidad por la que se escribieron algunos de los signos realizados por Jesús?
Interioricemos en el texto
El Evangelio presenta una comunidad marcada por el temor que será transformada por la presencia del Resucitado. Jesús se presenta en medio de ellos y pronuncia el saludo “La paz esté con ustedes”, que comunica la reconciliación y la nueva vida fruto de su Pascua. Al mostrarles las manos y el costado, se afirma la identidad del Crucificado con el Resucitado, elemento central en la fe cristiana. Luego, Jesús confía una misión indicando la continuidad entre su propia misión y la de los discípulos. Al soplar sobre ellos evoca la acción creadora de Dios y expresa el don del Espíritu Santo, junto con la autoridad de perdonar los pecados, aspecto que la Iglesia reconoce como fundamento del ministerio de la reconciliación. La figura de Tomás es un itinerario de fe: su incredulidad inicial (“si no veo… no creeré”) contrasta con su confesión final: “¡Señor mío y Dios mío!”, una de las profesiones de fe más explícitas del Evangelio. La bienaventuranza “dichosos los que creen sin haber visto” nos impulsa a una fe viva y operante que no se queda en lo intelectual, sino que se traduce en vida y testimonio.
- Meditación: ¿Qué me dice Dios en el texto?
Para profundizar en el Evangelio contestémonos a nosotros mismos, con sinceridad, las siguientes preguntas:
Como Tomás que pasó de la duda a la fe ¿cómo respondo a las dificultades para creer y qué me ayuda a reconocer a Jesús como “Señor y Dios”?
Sabiendo que Jesús llama bienaventurados a los que creen sin haber visto, ¿cómo puedo hoy, con sencillez de corazón, abrirme más a la fe y acompañar a otros para que también encuentren en Él la vida verdadera?
- Oración: ¿Qué le digo a Dios?
Señor Jesús, que te haces presente en medio de nosotros y nos regalas tu paz, aumenta mi fe para reconocerte como mi Señor y mi Dios. Aun en mis dudas, enséñame a confiar en tu palabra. Dame una fe capaz de llevar tu amor a los demás, para que con mis obras anuncie que Tú estás vivo. Amén.
- Contemplación:
Para intensificar la contemplación repitamos varias veces un versículo de la Sagrada Escritura para que alimente nuestra fe:
«¡Señor mío y Dios mío!» (Juan 20, 28).
- Acción: ¿A qué me comprometo con Dios?
Hagamos visible nuestra fe a través de gestos en nuestra vida cotidiana.
Propuesta: Dedicaré más tiempo a la oración y realizaré al menos una acción concreta (un acto de perdón, un gesto de servicio) que haga visible mi fe en Él hacia los demás.

































































